Por Gabriel Conte
Primer acto: ¿vos también caíste?
Café con amigos. Algunos de ellos, candidatos por un partido nuevo. Son kirchneristas, pero no todos vienen del peronismo. La frase: “…Y le dijimos a Mazzón: mirá Juan Carlos…”.
-Pará, pará. ¡Pará! ¿A Mazzón? ¿Te juntaste con Mazzón? ¿Qué corno tiene que ver ese espacio con él? Perdón, me equivoqué… ¿No eran los éticos e independientes ustedes…?
-No, bueno. Nos paramos enfrente y le dijimos: no vamos a ser una colectora del mediocre de Jaque…
-No, claro, van crear su propia mediocridad. Pero, contestame ¿qué tiene que ver El Chueco con ustedes?
-Él es quien nos alienta…
Segundo acto: alentados para defender el modelo
En defensa de un modelo, un grupo de partidos chicos, algunos con gente muy respetable, prestaron (¿prestaron?) su nombre y boleta para llenarla con los candidatos que decidió en Justicialismo.
¿Está mal defender lo que ellos llaman “el modelo”? “No, no está mal”, me contesté y ratifiqué que, tal vez, si las circunstancias y formas institucionales de hacerlo fuesen más normales, posiblemente no vería todo tan mal como parecen serlo, al mirarlo con la óptica de quienes lo defienden a ultranza.
Hablé con un amigo que anda, cabizbajo, defendiendo el modelo de esa manera, aunque poco convencido.
-¿Se juntaron con Mazzón?- me zambullí, sin saberlo.
-¿Y…cómo sabés?
-Pregunto…
-Sí, sí. No quedaba otra. El tipo es el que te alienta a seguir…
Otra vez la palabra aliento. No sería la última. Y jamás me perdonaré no haber pedido una traducción del término “aliento”. (Los sinónimos del diccionario no son muy convincentes: resuello, hálito, jadeo, inhalación. Me parece que de eso no hablaban mis interlocutores).
Tercer acto: me quieren alentar
Suena el teléfono y atiendo. Es un dirigente disidente de uno de los grandes partidos. (Aclaración: se define disidente a todo el que pierde una interna y no se lo banca).
Después de vaguedades en una conversación que parecía destinada a morir en la primera frase en torno a “tanto tiempo que no nos vemos”, soltó.
-Mirá, la cosa es así. Hay una posibilidad de que, si aceptás, armemos un partidito y…
-Pará. ¿Quiénes?- contesté sin saber en carácter de qué me estaba llamando el disidente.
-¡Vos, yo y varios más! Gente valiosa, desperdiciada…
-No, pará allí.- respondí con cierta alergia.
Hubo un silencio breve, pero que en una comunicación por celular costó varios pesos (a él).
-Disculpame. Seguí contando.- habilité, pensando –ahora si- en obtener más información, dejando de lado la torpeza inicial.
-No. Está bien. Es que pensamos reunirnos con Mazzón y pedirle que nos aliente. ¿Viste que el tipo anda buscando partiditos que le quiten votos a los grandes, no? (…) De otra forma, imposible…Bueno, se me corta, te llamo mañana y tomamos un café.
Se le cortó. No llamó ni tomamos el café. No sabemos si recibió el “resuello, hálito, jadeo o inhalación”, el aliento, la palabra más pronunciada en los cafés políticos de la disidencia opositora.
Cuarto acto: la respuesta es no
Como aquella llamada se cortó y el café no llegó a servirse, aprovecho este medio para responder a los tentados y a los tentadores que no, que no me parece correcto, ni democrático, ni ético y mucho menos digno andar armando partiditos, cualquiera sea la excusa o el nivel de aliento para hacerlo.
viernes 8 de mayo de 2009
martes 5 de febrero de 2008
El lugar y el momento

Apuntes de viaje de Gabriel Conte
Joao debería haberse jubilado ya y estar disfrutando de las playas de su Rio de Janeiro. Eso se imagina uno, turista, ingenuo, petulante. Pero Joao –conductor de taxis en Rio- prefiere seguir trabajando a pesar de su edad. “O paradiso nao e para os pouvres” dice, sin necesitar traducción para interpretar su proclama opuesta a la mitología bíblica. Silencio extenso y mirada por la ventanilla derecha. Ultimo vistazo al Pan de Azúcar, antes de perderlo por completo rumbo al aeropuerto.
Joao dice que él conoció otros lugares. Piensa que debe estar muy linda la Argentina, ya que hace más o menos treinta años fue a Corrientes y fue buena la impresión que le dejó todo lo que vio. Esa fue, en definitiva, la imagen que le quedó de todo un país, aunque Joao es conciente de su generosa generalización. Sostiene, a lo largo de la extensa y amable conversación, que en realidad, cuando una persona visita un país diferente al suyo, y aun una ciudad desconocida de su propio país, lo hace cargado de ansias, expectativas, nacionalismo, chauvinismo y prejuicios varios, en ese orden, según la teoría de Joao. Por eso es que un turista casual, desprevenido y común tenga la tendencia a considerar que el país que visita “es” lo que vio en las más o menos diez cuadras que rodean al lugar de alojamiento en el que estuvo.
Joao es un fino analista, un antropólogo social, como lo es todo taxista más proclive a estar despierto que a encerrarse en sus convicciones primarias. Conoció la ciudad de Corrientes luego de visitar junto a su familia y de llegar en su auto particular, desde la capital paraguaya, Asunción. Esto fue en 1958 –recuerda con exactitud- aunque le parece que fue ayer, lleno de recuerdos familiares y anécdotas de ruta (que no recuerdo, porque se puso melancólico y, pletórico de “saudades”, habló para sí y no entendí nada, solo atiné a asentir gentilmente y, en las dos vueltas de cabeza que di hacia él, ya cuando quedaba atrás en el camino al aeropuerto la imponencia de dos buques que completaban un viaje crucero, me pareció descubrir en su rostro una mirada perdida, hacia el frente, claro, pero cristalina y húmeda) Tras escuchar por tramos el monólogo de Joao pensé en quedar bien con él, y preguntarle sobre quiénes lo acompañaron, tal vez su mujer, hijos, suegras…Algo me decía que me equivocaría si lo hacía. Esto se estaba volviendo demasiado intimista y yo en horas lo dejaría cargando otros pasajeros y otros equipajes para no verlo, seguramente, jamás. Pasó sus manos por los ojos y señaló las primeras construcciones de la estación aérea carioca, más cerca ahora.
Joao sostiene que Asunción debe ser, seguramente hoy, una gran ciudad. Voy para allá y se lo he comentado en las monosilábicas intervenciones que pude sostener. Ya no esta Stroessner, dice, y asegura que un pueblo libre, con una nueva democracia (aunque para ese país siempre que la pudo tener fue nueva y escasa) que él estima “vigorosa”, ha sabido salir adelante y construido sus instituciones. “Por entonces –traduzco ahora sus palabras sobre Asunción 1958- la gente se acumulaba sobre la orilla del río, en alguna barriada desordenada, algo que llamaban algo así como La Chacarita”, recuerda este posible habitante de Maré o Rosinha o de alguna otra favela de la que cada díoa rogaba poder escapar con su taxi como salvoconducto. “Habían cabras, caballos y cerdos rodeando el Palacio de Gobierno”, agrega luego Joao, en referencia a la antigua casona de los López que todavía es la sede oficial.
Joao rió. Dijo: “me pareció algo terrible ver a los niños arreando el ganado a metros del despacho presidencial, en medio de un silencio roto solamente por los innumerables pájaros y aire viciado por el aroma de los jazmines”.
Con esa imagen y esas promesas de olores me iba de Rio, lleno de palabras y emociones ajenas. Llevábamos tres minutos parados en la entrada del aeropuerto carioca y no bajaba del coche, todavía encantado con el “diálogo”. Le pedí un “cartao” para llamarle solo a él en caso de necesitar transporte en el próximo viaje. Me dijo que no tenía tarjetas personales, pero que seguramente sabríamos encontrarnos. Me envidió por poder subir a ese pájaro alado del que conocía cada detalle, cada tornillo, gracias a su voracidad lectora, pero al que “todavía” –dijo con la esperanza intacta- no había tenido la ocasión de ascender.
Fue cuando salí del nuevo y pomposo Palacio Legislativo de Asunción, tras una frustrante reunión que, al volverme sobre su fachada, me impactó esa construcción posmoderna y ajena, de ventanas espejadas, su “chicaguismo en miniatura” en medio de la ciudad colonial intacta hasta allí.
Sólo interrumpió mi sorpresa al bajar las extensas escalinatas frontales una valla antitumulto y una piara que almorzaba desordenadamente. Había allí, al pie de Palacio, chanchos overos y bélicos. Uno bermejo, tremendo. Revolviendo cerros de basura en competencia con un grupo de niños flacos en conseguir el favor de un cariño o algún pedazo de algo comestible y además digerible. No había cabras ni caballos y eso me preocupó al recordar la pintura de Asunción que me había hecho con coloridas palabras Joao, poco antes, tan lejos, tan cerca en la geografía, en el tiempo. Pensé turbulentamente en aquello. Imagine “la Asunción de Joao” de hace cuarenta y siete años.
Resolví que no sabría qué decirle a Joao si lo volviese a encontrar, si ello ocurriera algún día. No querria herirlo, aunque aquí ya había una herida abierta y gangrenosa. Nada había cambiado en todos estos años, salvo la ausencia de parte del ganado y los pájaros que ya no están.
En “La Chacarita” jugué solo un minuto con tres niños que fueron muy felices por eso, me parece. Me fui pero, esta vez, con ganas de volver a hablar con Joao, café mediante de la vida y sus cosas.
lunes 4 de febrero de 2008
Elogio de la dignidad de los atributos femeninos de las trabajadoras del Ministerio de Seguridad
Con crítica a la primera medida tomada por las autoridades en la materia para que la gente viva más segura. No sin humor. Y lo más respetuosamente que se puede ser ante la ridiculez.
Por Gabriel Conte
¿Cuán importante y digna puede considerarse a una persona, si solo aceptamos ver en ella una imagen recortada, mutilada en sus atributos característicos?
"Nadie es de nadie", dice Sietecase, Hay preocupación, mezclada en mitades iguales con sorna y pánico, por una "recomendación" realizada a las mujeres que trabajan en el Ministerio de Seguridad. Las féminas deben ocultar las uñas de sus pies y no exagerar la prominencia de sus pechos. ¡Prohibidas quedan las soleras!
"Cómo mirarla entonces
sin este deseo infernal
de hacerla mierda"
Entonces, volvemos a las preguntas: si un par de atributos y una decena de uñas (pintadas es peor) despavilan y exaltan a la autoridad armada, ¿qué fuerzas pueden llegar a convocar en alguien así un comunista, un judío, un negro; un pobre, un rico (más que él) un ateo; un político (democrático), una prostituta, un delincuente; un joven, un barbudo, un mechudo, un homosexual?
"Cómo pensarla durmiendo
acompañada
sin la dulce intenciónde fragmentarla
partirla en pedacitos
de colores"
Si la medida tuviese un sentido erótico (uno nunca sabe con qué saldrán las autoridades cuando son nuevas y quieren sorprender), se quedarán con César Fernández Moreno en su "Ambajes", cuando confesó que "… por siempre le queda a uno/ cierta curiosidad por las tetas".
"Cómo escuchar callado
su buen día
sin querer hundirle
mi sexo hasta los ojos"
"Cierta curiosidad…" es el título de uno de los libros de poesía de Reynaldo Sietecase, cuya poesía estoy tartamudeando entre párrafo y párrafo. Un rosarino que parangona los pechos con vivencias que hacen a la convivencia pacífica de la ciudadanía, la seguridad de "…la plaza sin faroles / del domingo a la noche / la matiné del barrio / con la Sarli en los ojos / y la mano atrevida…"
"Cómo ir tontamente
a visitarla
sin pretender tapar
tanto agujero…"
Origen de civiles y uniformados, en definitiva, la admiración por la mujer, ya sea por su carácter, ojos, cara, pechos, caderas, piernas y hasta por la exposición de las uñas de sus pies, ha permitido que el mundo siga andando. No hay indicios, por cierto, de que su sensualidad haya incrementado la mortalidad de la raza humana. Todo lo contrario: estimula la vida nueva.
"…que le sobra
en fin
mojarle el corazón
con un buen polvo".
Sietecase cita a Rubén Vedovaldi: "El imperio / de nuestros deseos / o / los deseos del imperio", dice que dijo. Sin embargo, en las mujeres del Ministerio de Seguridad no hay certezas de que esta medida en contra de la difusión pública de ciertos perímetros esté vinculada con algún mapa delictivo. Mucho menos como método de adhesión a las políticas identitarias latinoamericanas que impulsa –casi- todo el gobierno.
Perdón por la boca…y por todo lo demás.
Pero hasta los más leídos han recurrido a la más burda sinceridad cuando se trata de derechos de humanos. Como atinó Marechal, indagador, en su "Megafón o La Guerra": "¿Por qué será que hasta que no se habla del culo nadie se humaniza?". A las autoridades, para su tranquilidad, váyales lo dicho por Anaïs Nin: "…el sexo no prospera en medio de la monotonía".
¿Podemos estar seguros?
Por Gabriel Conte
¿Cuán importante y digna puede considerarse a una persona, si solo aceptamos ver en ella una imagen recortada, mutilada en sus atributos característicos?
"Nadie es de nadie", dice Sietecase, Hay preocupación, mezclada en mitades iguales con sorna y pánico, por una "recomendación" realizada a las mujeres que trabajan en el Ministerio de Seguridad. Las féminas deben ocultar las uñas de sus pies y no exagerar la prominencia de sus pechos. ¡Prohibidas quedan las soleras!
"Cómo mirarla entonces
sin este deseo infernal
de hacerla mierda"
Entonces, volvemos a las preguntas: si un par de atributos y una decena de uñas (pintadas es peor) despavilan y exaltan a la autoridad armada, ¿qué fuerzas pueden llegar a convocar en alguien así un comunista, un judío, un negro; un pobre, un rico (más que él) un ateo; un político (democrático), una prostituta, un delincuente; un joven, un barbudo, un mechudo, un homosexual?
"Cómo pensarla durmiendo
acompañada
sin la dulce intenciónde fragmentarla
partirla en pedacitos
de colores"
Si la medida tuviese un sentido erótico (uno nunca sabe con qué saldrán las autoridades cuando son nuevas y quieren sorprender), se quedarán con César Fernández Moreno en su "Ambajes", cuando confesó que "… por siempre le queda a uno/ cierta curiosidad por las tetas".
"Cómo escuchar callado
su buen día
sin querer hundirle
mi sexo hasta los ojos"
"Cierta curiosidad…" es el título de uno de los libros de poesía de Reynaldo Sietecase, cuya poesía estoy tartamudeando entre párrafo y párrafo. Un rosarino que parangona los pechos con vivencias que hacen a la convivencia pacífica de la ciudadanía, la seguridad de "…la plaza sin faroles / del domingo a la noche / la matiné del barrio / con la Sarli en los ojos / y la mano atrevida…"
"Cómo ir tontamente
a visitarla
sin pretender tapar
tanto agujero…"
Origen de civiles y uniformados, en definitiva, la admiración por la mujer, ya sea por su carácter, ojos, cara, pechos, caderas, piernas y hasta por la exposición de las uñas de sus pies, ha permitido que el mundo siga andando. No hay indicios, por cierto, de que su sensualidad haya incrementado la mortalidad de la raza humana. Todo lo contrario: estimula la vida nueva.
"…que le sobra
en fin
mojarle el corazón
con un buen polvo".
Sietecase cita a Rubén Vedovaldi: "El imperio / de nuestros deseos / o / los deseos del imperio", dice que dijo. Sin embargo, en las mujeres del Ministerio de Seguridad no hay certezas de que esta medida en contra de la difusión pública de ciertos perímetros esté vinculada con algún mapa delictivo. Mucho menos como método de adhesión a las políticas identitarias latinoamericanas que impulsa –casi- todo el gobierno.
Perdón por la boca…y por todo lo demás.
Pero hasta los más leídos han recurrido a la más burda sinceridad cuando se trata de derechos de humanos. Como atinó Marechal, indagador, en su "Megafón o La Guerra": "¿Por qué será que hasta que no se habla del culo nadie se humaniza?". A las autoridades, para su tranquilidad, váyales lo dicho por Anaïs Nin: "…el sexo no prospera en medio de la monotonía".
¿Podemos estar seguros?
viernes 1 de febrero de 2008
Boim. Teitelboim.

Por Gabriel Conte
Volodia Teitelboim ha muerto.
El 4 de mayo de 1998, hace casi 10 años, el escritor y dirigente político chileno era recibido como "Visitante ilustre" en el Concejo Deliberante de Guaymallén. Me tocó darle la bienvenida como vicepresidente del Cuerpo a cargo de su conducción y de intercambiar palabras. Pero fundamentalmente, me tocó –con placer- escucharlo.
Con vergüenza y descaro le regalé un ejemplar de mi libro "Cajón de sastre". Tomó una lapicera del bolsillo interior del saco, abrió "Voy a vivirme", sobre su amigo Neruda (por entonces, su último libro) y me lo dedicó: "para Gabriel Conte, el poeta nos sigue acompañando. Con el afecto de V.T."
Solo, estuvo solo. El gobierno y la universidad y algunos medios también –diez años atrás- ignoraron su presencia en Mendoza.
Así lo escribí en el número 105 del 10 de mayo de 1998 en la hoja de cultura El Comunero, editaba por entonces:
"La soledad con la que los grandes intelectuales chocan cuando llegan a Mendoza no hace mella en su destino. Que se sepa. Si esa es la intención de las universidades, de la dirigencia política, de los gobernantes, sepan que han fracasado".
Esta semana estuvo en la provincia uno de los escritores y políticos más importantes de Chile, Volodia Teitelboim. Sabido es en estas latitudes que cuando un escritor es grande en su país, generalmente también lo es para nuestro subcontinente. Tal el caso de Teitelboim.
Una semana atrás habían abandonado la provincia el cubano Eliseo Alberto y el nicaragüense Sergio Ramírez. También pasaron intelectuales como el italiano Riccardo Campa y el belga Gerard Fourez. Un grupo de escritores italianos junto a la autora argentina Marta Mercader también estuvieron en Mendoza esta semana.
Todo esto viene a cuenta porque, a pesar de que algún medio lo publicó, en general, sus presencias -salvo alguna en particular- han pasado desapercibido para la intelectualidad mendocina, los "centros de conocimiento" -y en especial la Universidad Nacional de Cuyo- las autoridades provinciales y la dirigencia en general. El caso del desplante a Sergio Ramírez tal vez sea el más patético, ya que, como lo recordó Andrés Gabrielli en el Foro de Estado y Cultura, es nada menos que el ex vicepresidente de Nicaragua. Pero no cualquier vicepresidente. Fue el vicepresidente durante el gobierno de la revolución del sandinismo. Y a ningún funcionario provincial -léase el Gobernador- se le ocurrió recibirlo, saludarlo, dialogar con él, asistir, siquiera, a la presentación de su premiado libro Margarita, está linda la mar.
Volodia
El chileno estuvo aquí por invitación del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y el Centro Cultural de la Cooperación, una misma cosa, en definitiva. Presentó su último libro, Voy a vivirme. Variaciones y complementos nerudianos., editado por Dolmen en Chile. Venía de presentarlo en la Feria del Libro de Buenos Aires y dio aquí una charla -presentado por Julio Rudman, que ya lo había entrevistado semanas atrás en su programa Buena Letra, de Nihuil.
En la conferencia de prensa, Rudman, Martín Guidone de FM Fénix de Guaymallén, Patricia Rodón del UNO y El Comunero. Un periodista de Libertador lo entrevistó antes de que fuera declarado Visitante Ilustre de Guaymallén por su Concejo Deliberante y Marcelo Sivera, de LV10 lo entrevistó vía telefónica. Por lo demás, Los Andes ni se enteró -teóricamente- de su presencia y actividades ni se hizo eco -al igual que casi todos los otros medios- del homenaje que Teitelboim recibió en Guaymallén, en donde pronunció un emotivo discurso sobre la unidad cuyano chilena. Y desde nuestros "centros del conocimiento", cero".
"Teitelqué..?". Boim. Teitelboim.
Aclaraciones mediante, pudimos explicar a muchos de quién se trataba.
Pero, aun así, para sorpresa del prestigioso autor, muchos por aquí lo conocían. Ya por su obra literaria o por su lucha política. Volodia (así fue más fácil llamarlo) es uno de los miembros de la denominada "Generación del 38" de la literatura chilena.
Su pasión por la novela sigue latente, aunque es más conocido por su rol de biógrafo. Entre quienes ha retratado se encuentran Gabriela Mistral, Borges, Neruda, Huidobro. Dirigió la revista Aurora y durante su exilio -Pinochet mediante- fue director de Araucaria de Chile, editada en España.
De Teitelboim para Borges
• "Le gustaban las dictaduras de los caballeros. Su historia personal así se lo indicaba".
• "El mismo habló de la existencia de dos Borges. Era una concepción que vivía en el discurso. Yo creo que en el fondo había uno sólo. U ochenta y cuatro. Lo encuentro apasionante, pero también desdichado".
• "Si escribí sobre él, lo hice respetándolo, no cayendo en una adoración boba".
Voy a vivirme
Teitelboim, en su nuevo libro, redescubre a Neruda. Intenta desnudarlo, enumera situaciones íntimas pero no llega a desarrollarlas. Suma anécdotas al análisis de la obra del autor.
Recuerda permanentemente su militancia comunista -partido del cual Teitelboim fue uno de sus mayores dirigentes en Chile- e intenta construir una idea de personalidad de Neruda. Desde su soledad en lejanos consulados asiáticos hasta el desenfrenado ejercicio del amor por las mujeres. Y denuncia una moda nerudiana: El conjunto irlandés U-2, con Bono a la cabeza, va a Isla Negra no para depositar sino para sacar una flor de su tumba. Luego le cantan ante setenta mil asistentes, la mayoría muchachos, en un Estadio Nacional que baila al ritmo del rock".
Faraones fashion

Apuntes de viaje de Gabriel Conte
Un turista argentino, que por su apariencia y comentarios previos parecía un intelectual formado e informado, pero cholulo y exagerado al fin, comentó a su deslumbrada pareja (de ocasión) en la entrada al Metropolitain de París, mientras hacía la fila para acceder al Museo de Louvre por una de las pirámides de cristal de doble vértice –uno para arriba y otro bajo tierra- que podía sentir nítidamente fluir de ella la energía ultramediática del neoprocer en vida y ex ministro de Cultura francés Jack Lang. Aun no habían editado “El Código Da Vinci”, de Dan Brown, por lo que una nueva visita a París años más tarde, y con el libro bajo el brazo en idioma original, podría haber deparado nuevas revelaciones por parte del caballero. Qué perdida de tiempo no estar allí ahora. ¿No? No.
Progre reivindicado en territorio enemigo

Apuntes de viaje de Gabriel Conte
Frenó frente al casino de Montecarlo, con gesto adusto y una expresión de asco a flor de piel. Venía desde Niza con próximo destino en Marsella. Decidió que no entraría (pero, además, era de día y estaba cerrado). Cruzó la plaza de las flores hasta la sucursal local del Crédit Suisse, en cuyo cajero automático obtuvo unos francos. Volvió. Pidió en un quisco de revistas repleto de idiomas y fotos la edición más actual de “Le chanaire enchaine”, el periódico satírico más famoso y prestigioso. Lo abrió. No entendió ni jota. Lo dobló y lo puso bajo el brazo derecho. Caminó unos pasos, pero algo lo hizo detenerse bruscamente. Retornó al negocio y sin pronunciar palabra en francés o ingles y menos aun en su raro español originario, exultante de gestos que el vendedor nunca interpretó ni respondió, le “pidió” –quitándolo de su lugar y pagando por él su valor exacto- “Liberation”. Ahora si pudo caminar con este periódico abierto de par en par y el otro haciendo equilibrio bajo la axila derecha. Caminó hasta el Café de Paris, en donde un solitario Tommy Curtis desayunaba leyendo el periódico con fruición. Pensó en acercarse y afortunadamente se dio cuenta de que sería en vano hacerlo. Levantó ambas cejas, extrañó no tener a mano su cámara de fotos y sonrió gozoso al darse cuenta que en el centro del triángulo equilátero que conformaban el Casino de Montecarlo, el Café de Paris y el Credit Suisse, se erguía una sólida, grande (¿viva, vivaz?) escultura de Lenin. Corrió hasta el automóvil. Se hartó de tomarle fotografías. Dejando los diarios en el torpedo del auto alquilado en Europcar, subió, encendió el motor sin perder de vista ese espectáculo y continuó con su ruta. Sin embargo, no dudó en detenerse y adquirir de los más variados objetos y símbolos y beber brevajes locales y cosmopolitas en cada local cercano a las plazas principales de Cannes, Saint Tropez, San Raphael, Antibes…
miércoles 30 de enero de 2008
Venceremos

Apuntes de viaje de Gabriel Conte
No se si pasa en todos lados, pero aquí, escuchar en la radio la música que a uno le gusta, más aun cuando el que oye está medianamente entrado en años, resulta una misión casi imposible. Es irónico, porque uno se imagina –de este lado del receptor- que en estudios algún cerebro está estudiando cómo enganchar más oyentes a su estación de radio. Y nosotros, los que oímos, estamos haciendo esfuerzos para seguir escuchando, a pesar de nuestra protesta silenciosa, intangible y subconsciente contra la programación. Es que: queremos informarnos, escuchar algún chisme, saber la hora y la temperatura actual y la de mañana, mechado con música, alguna oferta publicitaria y llamadas de otros oyentes que nunca dicen (ingenuidad la mía) lo mala/s que está/n la/s radio/s. Claro, esas críticas tampoco podré verlas reflejadas cual catarsis propia en papel ajeno, en diarios y revistas, ya que esos medios son parte de grupos que poseen radios, entre otras empresas. Y lo de la música: las compañías discográficas seguramente deben tener derecho a opinar en este asunto de la programación. Pero estamos lejos de poder hablar de censuras o listas negras, y ¡ojalá! De oír referencias a quién canta, interpreta o es autor de talo o cual tema. Podemos llegar a tararear con mayor o menor energía el tema top, pero nunca sabremos –si no estamos en tema, claro- quién lo hizo primero, en qué país…qué dice la letra original, etc., etc. ¿Acaso es que no nos gusta la radio? Nos encanta. De no ser así, no estaría ahora hablando de esto. Nos apasiona la radio AM, de vez en cuando, las de FM y pocas veces, escuchar toda una hora del mismo autor en CD. Hay radiómanos aun, aunque sea bajo protesta. Pero hoy cuando escuché en la radio a Silvio Rodríguez cantando “Sueño con serpientes” la sensación fue de crisis. Como que no cuadran temas como ese en formatos como éstos, La emoción fue de dimensiones importantes y pude sentir la sensación de que, nuevamente, la radio me estaba mirando, a mi, dejando de lado su indiferencia cochina en medio de este amor platónico que hace años sostengo. Y defiendo a la radio. Resistiremos, a pesar de las radios. Llegará ese día en que los programas pongan la música que queremos escuchar. Y con esa promesa latente, los oyentes en espera eterna, seguiremos prendidos y prendiendo la radio. Sabemos que no nos puede defraudar. Venceremos.
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